Cuentos para pensar, PDF, Jorge Bucay

Que bendición encontrar textos de este tipo para leer, deleitar la mente, ponerla a trabajar, lo que no se usa se atrofia…

Reflexiones, Poemas, Literatura,Psicología

Todos los que hemos vivido buscando la verdad, nos hemos encontrado en el camino, con muchas ideas que nos sedujeron y habitaron en nosotros con la fuerza suficiente como para condicionar nuestro sistema de creencias.

Sin embargo, pasado un tiempo, muchas de las verdades terminaban siendo descartadas porque no soportaban nuestros cuestionamientos internos, o porque una «nueva verdad», incompatible con aquellas, competía en nosotros por los mismos espacios, o simplemente, porque estas verdades dejaban de
serlo.

En cualquier caso, aquellos conceptos que habíamos tenido como referentes dejaban de ser tales y nos encontrábamos, de pronto, a la deriva. Dueños del timón de nuestro barco y conscientes de nuestras posibilidades, pero incapaces de trazar un rumbo confiable.

Y entonces me pregunto, por un lado: ¿Existirán las verdades sólidas como rocas e imperturbables como accidentes geográficos?, ¿o será la verdad sólo un concepto que lleva en sí mismo la esencia de lo transitorio y frágil de las flores?.

Y por otro lado, desde una perspectiva macrocósmica: ¿Es que acaso las montañas, los ríos y las estrellas no están también amenazadas de pronta desaparición?. ¿Cuánto es «pronto» comparado con «siempre» ?. ¿No son, desde esta mirada, las montañas también efímeras ?…

Creo que lo que me gustaría hoy es intentar escribir sobre algunas ideas montaña, ideas-río, ideas-estrella con las que me fui cruzando en mi camino. Algunas verdades que seguramente son cuestionables para otros y lo serán también para mí, algún día, pero que contienen hoy, me parece, la solidez y la confiabilidad que da la indiscutible mirada del sentido común.

Jorge M. Bucay.

El canto del pájaro, PDF, Anthony De Mello

Convertir la vida en un cuento, y que ese cuento enseñe, sirva de reflexión debe ser la meta de toda persona, pasar por esta vida y no hacer algo bueno para ser recordado es muy triste.

Este libro ha sido escrito para gentes de cualquier creencia, religiosa o no religiosa. No puedo ocultar a mis lectores, sin embargo, el hecho de que yo soy sacerdote de la Iglesia Católica, que me he adentrado con toda libertad en tradiciones místicas no Cristianas y que éstas me han influenciado y enriquecido profundamente.

Nunca he dejado de volver a mi Iglesia, que es mi verdadero hogar espiritual; y aunque me doy perfecta cuenta (a veces con auténtico asombro) de sus limitaciones y de su ocasional estrechez, también soy perfectamente consciente de que ha sido ella la que me ha formado, me ha moldeado y ha hecho de mí lo que soy. Por eso es a ella, mi Madre y Maestra, a quien deseo dedicar amorosamente este libro.

A todo el mundo le gustan los cuentos, y son precisamente cuentos y en abundancia lo que el lector hallará en este libro: cuentos budistas, cuentos cristianos, cuentos Zen, cuentos asideos, cuentos rusos, cuentos
chinos, cuentos hindúes, cuentos Sufí, cuentos antiguos y modernos.

Estos cuentos poseen todos ellos, sin embargo, una peculiar característica: si se leen de una determinada manera, ocasionan un verdadero crecimiento espiritual.

Hay tres modos de hacerlo:

  • Leer un cuento una sola vez y pasar al siguiente. Este modo de leer sirve únicamente de entretenimiento.
  • Leer un cuento dos veces, reflexionar sobre él y aplicarlo a la propia vida. Es una especie de teología que puede practicarse con bastante provecho en grupos pequeños en los que cada miembro comparte con los demás las reflexiones que el cuento le ha suscitado. Lo que se origina entonces es un círculo teológico.
  • Volver a leer el cuento, después de haber reflexionado sobre él. Crear un silencio interior y dejar que el cuento le revele a uno su profundo significado interno. Un significado que va mucho más allá de las palabras y las reflexiones. Esto lleva progresivamente a adquirir una especie de sensibilidad para lo místico.

También se puede tener presente el cuento durante todo el día y dejar que su fragancia o su melodía le ronde a uno. Es preciso dejar hablar al corazón, no al cerebro. De este modo también se hace tino una especie de místico. Y es precisamente con esta finalidad mística con la que han sido escritos la mayoría de estos cuentos.

Anthony De Mello.

El Camino Del Encuentro, PDF – Jorge Bucay

El camino del encuentro

Seguramente hay un rumbo posiblemente y de muchas maneras personal y único.

Posiblemente haya un rumbo seguramente y de muchas maneras el mismo para todos.

Hay un rumbo seguro y de alguna manera posible.

De manera que habrá que encontrar ese rumbo y empezar a recorrerlo. Y posiblemente habrá que arrancar solo y sorprenderse al encontrar, más adelante en el camino, a todos los que seguramente van en la misma dirección.

Este rumbo último, solitario, personal y definitivo, sería bueno no olvidarlo, es nuestro puente hacia los demás, el único punto de conexión que nos une irremediablemente al mundo de lo que es.

Caminos que no se pueden esquivar. Caminos que habrá que recorrer si uno pretende seguir. Caminos donde aprenderemos lo que es imprescindible saber para acceder al último tramo.

Para mí, estos caminos inevitables son cuatro:

El primero, el camino de la aceptación definitiva de la responsabilidad sobre la propia vida, que yo llamo
El camino de la Autodependencia 1

El segundo, el camino del descubrimiento del otro, del amor y del sexo, que llamo
El camino del Encuentro 2

El tercero, el camino de las pérdidas y de los duelos, que llamo
El camino de las Lágrimas

El cuarto y último, el camino de la completud y de la búsqueda del sentido, que llamo
El camino de la Felicidad.

Quizás estas Hojas de Ruta puedan servir a algunos de los que, como yo, suelen perder el rumbo, y quizás, también, a aquellos que sean capaces de encontrar atajos.

Ojalá nos encontremos allí.
Querrá decir que ustedes han llegado.
Querrá decir que lo conseguí también yo…

Jorge Bucay.

Sobre la brevedad de la vida, PDF – SÉNECA

Se puede poseer mucho dinero y ser pobre, y no tener una sola «moneda» en el bolsillo, y ser «rico», existen personas que su corazón y su mente están inundados de conocimiento y sensibilidad, talentos hermosos que ha recibido de lo alto, este tipo de riqueza no la da el oro o las piedras preciosas…

Felicidad en la vida, Vida efímera, Vida y muerte

La mayor parte de los mortales, se queja a una voz de la malicia de la naturaleza porque se nos ha engendrado para un período escaso, porque el espacio de tiempo que se nos da transcurre tan veloz, tan rápidamente que, con excepción de unos pocos, casi todos los demás quedan inhabilitados ya en la propia preparación de la vida. Y ante este mal, que según creen es general, no solloza solamente la masa y el vulgo necio, también este mismo sentimiento ha sacado quejas de personajes esclarecidos.

Viene de ahí aquella proclama del más grande de los médicos de que la vida es breve, la ciencia larga. Viene de ahí aquel pleito tan poco propio de un hombre sabio que Aristóteles planteó a la naturaleza, pues sería que ella le ha regalado a los animales una edad tan larga que alcanzan cinco o diez generaciones, mientras que en el hombre, engendrado para tantas y tan grandes empresas, el límite se ha fijado mucho más acá.

No tenemos un tiempo escaso, sino que perdemos mucho. La vida es lo bastante larga y para realizar las cosas más importantes se nos ha otorgado con generosidad, si se emplea bien toda ella. Pero si se desparrama en la ostentación y la dejadez, donde no se gasta en nada bueno, cuando al fi n nos acosa el inevitable trance final, nos damos cuenta de que ha pasado una vida que no supimos que estaba pasando.