[PDF] El poder de la oración eficaz

La oración no es una carga, sino una delicia; no es un ejercicio trivial, sino una experiencia bendita; no es una actividad aburrida, sino una alegre oportunidad. El que ora puede ser comparado a quien moría de hambre y encuentra por fin deliciosa comida.

Es como el sediento que ha encontrado una fuente burbujeante de refrescante agua; es como un viajero cansado que encuentra una hermosa sombra para descansar; o como un perdido que finalmente encuentra las comodidades del hogar.

La oración es un privilegio para todos. Cualquier ciudadano tiene acceso al Monarca del universo como lo tiene un gobernante o rey terrenal. El pobre tiene tanto acceso como el multimillonario. El sencillo tiene igual acceso que el erudito. Todos reciben la misma invitación, y Jesús dice: «Al que a mí viene, no lo echo fuera»

La oración es sinónimo de comunicación íntima con Dios. Es encontrarse y compartir con nuestro mejor y más querido amigo, y pasar tiempo de calidad con él. Es una conversación mutua: no solo hablamos con Dios, sino que también lo escuchamos. Un fervoroso soldado de la oración solía mantener una silla adicional en el lugar en el que oraba e imaginaba que Jesús estaba sentado en ella mientras conversaban.

Tal vez en estos momentos, luego de leer la descripción del poder de Dios usted anhele tener ese poder a su disposición. Déjeme decirle que no tiene que sentarse en una sala de espera, hacer una fila o tomar un número cuando necesite de Dios. Otra de sus sorprendentes cualidades es que siempre está dispuesto a recibirnos.

Nunca nos pondrán «en espera» para hablar con Dios. Tenemos un Padre que es capaz de atender las necesidades y las súplicas de cada uno de sus hijos al mismo tiempo. «Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones» (1 Pedro. 3: 12).

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