Hay muchos que no tienen visión alguna para su vida y
se preguntan dónde pueden obtener una visión. Hay otros que
tienen una visión, pero se encuentran atorados en medio del fango de la confusión, sin saber qué hacer a continuación. Pero también están aquellos que tienen una visión, pero que la han abandonado debido al desaliento, al desánimo, debido a alguna forma de fracaso o de frustración.

Nuestro mundo hoy en día se encuentra en una necesidad desesperada de visión. Aun con sólo mirar en forma casual las condiciones prevalecientes del mundo de nuestro siglo veintiuno basta para producir temor, falta total de esperanza, desconcierto, inseguridad, traumas emocionales y sociales,
depresión, desilusión, desánimo y desaliento.

La amenaza de un colapso económico, de una desintegración social, de la decadencia moral, de los conflictos religiosos, de la inestabilidad política, de las epidemias globales de salud, de la destrucción étnica y el choque de las civilizaciones demanda un liderazgo que pueda ver más allá de lo actual hacia un futuro mejor y que tenga la habilidad de transformar esa visión en una realidad y que tenga el coraje y el valor para inspirarnos a que vayamos a ese punto.

Tú naciste para llevar a cabo algo significante e importante, y tú fuiste destinado para marcar diferencia en tu generación. Tu vida no es un experimento divino sino un proyecto de Providencia para cumplir un propósito que necesita tu generación. Este propósito personal es la fuente de
tu visión y es lo que le da significado a tu vida. Cualquier civilización que se encuentra atrapada en una etapa del pasado, sofocada por las tradiciones de las experiencias pasadas, y sepultada en la tumba de las glorias de los triunfos pasados, está condenada a morir.

La visión es la clave para abrir las puertas de lo que fue, y de lo que es, para poder impulsarnos a la tierra de lo que se puede hacer y llegar a ser, y que todavía no existe. La visión te libera de las limitaciones que ven tus ojos y te permite entrar a la libertad de todo aquello que el corazón puede sentir. Es la visión lo que hace que lo invisible se vuelva visible y que lo desconocido se convierta en una posibilidad.