Es de temer que los salmos a día de hoy no son tan valorados como lo fueron en la iglesia primitiva. Hubo épocas en las que los salmos, no tan sólo eran repetidos diariamente en todas las iglesias, sino que eran tan universalmente conocidos y cantados que incluso los iletrados los conocían, a pesar de no poder leer las letras que estaban escritas.

Otras costumbres y prácticas de tales épocas es mejor haberlas olvidado, pero ésta en particular, merece ser recordada con honor. Jerónimo, nos cuenta que en su época el labrador cantaba ¡Aleluyas! mientras araba; que el segador sudoroso se refrescaba con los Salmos; y que el vendimiador, podando vides con su gancho curvo, recitaba estrofas de David. Dice que en su tierra, los salmos eran las baladas de los cristianos. ¿Y acaso podían haber encontrado otras mejores? Eran las canciones de amor del pueblo de Dios ¿Y cuáles podían resultarles más puras y celestiales?

Estos cánticos sagrados expresan todos los sentimientos santos. Resultan apropiados tanto para la infancia como para la vejez; proporcionan máximas aplicables y consejos precisos para los albores y progresos de vida, tanto como consignas necesarias ante las puertas de la muerte. Ya sea en la batalla del día a día o en el reposo del Sabbath; en la sala de espera de un hospital o el salón de banquetes de una lujosa mansión; en la iglesia; en el oratorio; y sí, hasta en el mismísimo cielo, puede uno entrar sin avergonzarse, cantando salmos.

En esta época turbulenta, si los creyentes se familiarizaran más con el Libro de los Salmos, les sería de mucho provecho espiritual. Contiene una armadura completa para enfrentar las batallas de la vida y una provisionada despensa para suplir las necesidades de la vida. En él hallamos tanto deleite como provecho, tanto consuelo como instrucción. Para cada situación, hay un Salmo que adecuado y enriquecedor.

Los Salmos proporcionan gemidos penitentes al niño en la gracia62 y al santo perfeccionado63 cantos triunfales. Su amplio espectro de experiencia abarca desde las mismas fauces del infierno hasta las puertas del cielo. Aquellos quienes están familiarizados con los caminos del país de los Salmos, saben que es tierra en la que fluye leche y miel, y están encantados de viajar allí.