Si tu vida es un mar de conflictos, eres presa de las emociones, te lamentas por lo que hubiera podido ser y te quejas por lo que es, además sientes un gran vacío, dolor y sufrimiento interno, entonces probablemente vives atormentada por el resentimiento, el odio, el rencor, ira hacia la vida, hacia Dios, hacia tus semejantes, o lo más grave, hacia ti mismo.

Seguramente has intentado perdonar. Parece que está de moda. Todo mundo te dice «perdona», pero nadie te dice cómo. Incluso es posible que hayas hecho el intento en más de una ocasión y, por momentos, incluso por días o semanas, te hayas sentido libre de odios y resentimientos pero cuando menos piensas te encuentras de nuevo trapeando el mar, incluso te sientes peor que antes porque piensas que la caída es porque Dios no te ama o porque no mereces ser feliz.

Todo esto sucede por desconocimiento de las leyes de la dinámica de la mente y la influencia que ejerce tanto el resentimiento y el perdón sobre los estados mentales, y la condición que la mente ejerce sobre la realidad exterior. De ahí que cuando alguien te ofrece las bondades del perdón, seguramente tu pregunta es: ¿Dónde lo compro? ¿Cuántas inyecciones me tengo que poner? ¿Cuántas píldoras de perdón tengo que tomar?

De igual manera, cuando te dicen que el resentimiento es veneno para el alma, que contamina tu vida desde lo más profundo de tu ser, seguramente deseas dejar el resentimiento de lado; pero la pregunta inmediata, de igual manera, es: «Eso está muy bien, pero ¿cómo logro hacer para dejar de resentir?».