Libertad: una palabra hermosa, pronunciarla produce cierta sensación de anhelo, al igual que la felicidad son estados del alma, si preguntamos a varias personas que es libertad, sin lugar a dudas obtendremos conceptos diferentes.

Es un hecho innegable: hoy la libertad es el objetivo y el valor supremo del mundo occidental. Los estudiosos y los filósofos la han investigado y debatido interminablemente; es la palabra clave de todo político, el evangelio secular de nuestro sistema de libre empresa y el cimiento de todas nuestras actividades culturales.

La libertad es el valor por el que muchas personas parecen estar dispuestas a morir, a través de sus dichos y acciones.

Durante la época de la Guerra Fría, los líderes de occidente dividieron al mundo en dos campos el mundo libre y el mundo no libre, y estaban dispuestos a iniciar una guerra nuclear para defender tan sagrado ideal.

Hasta el hombre más paupérrimo tiene un sueño. Todos los seres humanos poseemos el mismo deseo: ser libres para ir tras la

visión y el sueño que abriga nuestro corazón. Sin embargo, para la mayoría de los
más de seis mil millones de personas en el planeta Tierra, este sueño
acabará en una pesadilla sin esperanzas, no por falta de voluntad o deseo, sino porque hay circunstancias y limitaciones impuestas por el ser humano que afectan negativamente la búsqueda de este descubrimiento y maximización de su potencial.

El espíritu humano recibió del Creador la necesidad de libertad para ir tras su propósito, y para sentir la plenitud que llega cuando maximiza su potencial. El espíritu humano siempre busca la libertad.