Seguimos adelante, que sea un libro mas solo depende de quien lo tenga en sus manos, alimentar el cerebro siempre es importante, pero de nada sirve una informacion que no se procesa, es la práctica la que nos lleva a los buenos resultados.

Las maravillas artísticas desarrolladas por el ser humano a lo largo de su historia, y sobre todo los avances tecnológicos de los últimos cuarenta años, denotan la enorme capacidad creativa de nuestro potencial como personas. El poder de la mente para organizar información y transformarla para dar paso a algo diferente, más bello y útil cada vez, expresa nuestra gran habilidad de síntesis y recreación generativa de nuevos éxitos, día tras día superiores a aquellos de los que partían.

Esa especialización de nuestro cerebro en distorsionar bellamente la realidad para dar lugar a otra gran obra mejorada es inherente a esa magnífica facultad creativa de nuestra mente. Y hasta ahí todo iría muy bien si no fuera por ciertos efectos colaterales negativos, muchas veces inconscientes: solemos confundir estos subproductos «mentales» con eso que llamamos la realidad en que vivimos.

Nuestro pensamiento suele dar por hecho aspectos de esa realidad que no cuestionamos lo más mínimo. Tomándolos como la vida misma, no nos planteamos siquiera las necesarias dudas para preguntarnos si al menos nos están proporcionando lo que queremos, o si acaso tenemos certeza acerca de lo que deseamos en nuestra vida com o profesionales, directivos, emprendedores, padres, parejas o coaches.

Si deseamos mejorar nuestras vidas personales y profesionales tenemos que, de alguna forma, parar de funcionar desde ese piloto automático de nuestros programas mentales adquiridos y darnos cuenta de las intenciones y presuposiciones desde donde estamos pensando y en consecuencia actuando.

Tener la intención de explorar nuestra experiencia, percibiendo cómo contribuimos a generarla con la forma en que pensamos, rinde grandes beneficios. Nuestra experiencia externa es inseparable de la estru ctu ra de nuestros pensamientos internos, de esa realidad virtual que nos creamos en el ojo de nuestras mentes y que luego proyectamos y hacemos tangible fuera, en nuestro entorno.

Miguel A. León