El monje y el filósofo, PDF, Jean Francois Revel

Según una concepción antigua y convencional, Occidente se imaginaba el budismo como una sabiduría de la pasividad, de la inacción, del nirvana definido como una indolencia replegada sobre el Yo, indiferente a la gestión de la ciudad y de la sociedad.

Ahora vemos que nada de eso es cierto. Al igual que la mayoría de las filosofías occidentales, el budismo también tiene una dimensión humana, social y política.

Es cierto que el budismo incluye el estudio de las ciencias
tradicionales, tales como la medicina, las lenguas, la gramática, la
poesía, los cálculos astronómicos (en particular los eclipses) y astrológicos, la artesanía y las artes.

La medicina tibetana, basada en las plantas y los minerales, exige años de estudio, y los cirujanos tibetanos eran, según se dice, capaces de operar las cataratas con ayuda de un escalpelo de oro, aunque esta operación haya caído hoy en el olvido.

Sin embargo, la ciencia mayor consiste en el conocimiento de uno mismo y de la realidad, ya que la cuestión esencial es: ¿Cuál es la naturaleza del mundo fenoménico y del pensamiento?, y en un plano práctico: «¿Cuáles son las claves de la felicidad y del sufrimiento? ¿De dónde proviene el sufrimiento? ¿Qué es la ignorancia? ¿Qué es la realización espiritual? ¿Qué es la perfección?». Es este tipo de descubrimientos lo que se puede llamar conocimiento.

¿Y la motivación inicial es escapar al sufrimiento? El sufrimiento es el resultado de la ignorancia. Lo que hay que disipar, pues, es la ignorancia. Y esta es, en esencia, el apego al Yo y a la solidez de los fenómenos. Aliviar los sufrimientos inmediatos del prójimo es un deber, pero no basta: es preciso poner remedio a las causas mismas del sufrimiento.

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