Observar la “vida” desde el punto de vista de la consciencia interna sin utilizar las referencias adquiridas mediante el aprendizaje, puede ayudarnos de forma definitiva a posicionarnos muy cerca de la Verdad y disfrutar de una vida consecuente, consciente, ecuánime.

Lograr dejar a un lado todo lo aprendido dejando únicamente al que observa desde que aparecimos en escena, nos permite no tener que defendernos, ni tomar partido por nada de lo que pudiéramos creernos que somos. Nos permite abrir la mente a la comprensión de lo real.

También logramos liberarnos de la necesidad de tener que comprender o entender algo como una necesidad primaria o como una obligación. Simplemente las cosas se muestran tal cual ocurren sin mediar nuestra intervención para luego conscientemente decidir nuestra forma de proceder, qué es bueno para uno mismo.

Tampoco importa nada nuestra valoración, ya que lo que es seguirá
siendo lo mismo sin nuestra intervención.

Somos el que vive desde dentro, como una realidad constante y casi de forma invariable, mientras que lo externo va cambiando y puede darse o no, puede ser de un modo u otro. En un momento aceptamos ser algo, para más tarde estar en una situación radicalmente diferente.